Cara y pariente de quién

Pero toda la descendencia de Israel será vindicada y exaltada en el Señor. (Isaías 45:25, versión NVI online)

La mayoría de los estudiantes de Nivel Medio (secundario) tuvo que encontrarse alguna vez con el famoso árbol genealógico de la evolución humana. Esta idea fue construida por Darwin en 1859, en su famoso libro El origen de las especies, donde argumentaba que todos los seres vivos procedían de un ancestro común. Para Darwin, de ese ancestro provenían todas las formas de vida, incluso la humana.

Por lo tanto, a partir de entonces, la ciencia iba a descubrir muchas evidencias fósiles del origen y evolución de la especie humana. En inglés, a ese supuesto primer ancestro se lo llamó LUCA (Last Common Universal Ancestor, es decir, el primer ancestro común universal). En su libro, Darwin propuso un gráfico con forma de árbol, para ubicar las posibles variaciones a lo largo del tiempo. Este árbol fue citado en muchísimos libros de Biología hasta hoy.

No es necesario aclarar que, hasta el presente, no ha cesado la búsqueda de posibles vínculos de unión, es decir, fósiles de seres transicionales, o algo que pueda corroborar esa hipótesis darwiniana. Por más que se busque, poco o nada se ha encontrado al respecto. Algunos fragmentos aquí y allá han avergonzado a muchos evolucionistas, pues la misma inexistencia de especies intermedias o de transición es una prueba de que la teoría de la evolución no es válida.

En realidad, si descendemos de un ancestro común, nuestro mundo debería estar lleno de vestigios de esos supuestos eslabones, pero no es así. Lo que se ha encontrado hasta ahora, no sirve para apoyar la hipótesis del ancestro común. Se hallaron algunos dientes y huesos que no son suficientes para montar el cuadro evolutivo completo. Sin embargo, algunos científicos tratan de forzar estos supuestos eslabones perdidos, porque creen en la teoría de la evolución humana.

Lamentablemente, muchos científicos dedican su vida a la búsqueda desesperada de pruebas de la tan soñada evolución humana. Si alguno llegase a descubrir algo importante, el crédito de tal hallazgo sería de mucho valor científico y significaría un buen dinero para quien lo logre.

Sin embargo, son muchos los espacios vacíos en el “árbol evolutivo”. Si se encuentra alguna evidencia, debería coincidir con ese árbol. Por ahora, lo cierto es esto: De todos los descubrimientos estudiados por los paleoantropólogos no existe ni un solo fósil capaz de confirmar que tenemos un supuesto pasado primate.

Lo que encontramos son grietas gigantescas y totalmente fuera de contexto, de tiempo y lugar. Y los problemas para los evolucionistas van en aumento. No les alcanza con añadir millones de años para datar sus hallazgos. El evolucionismo está en crisis y necesita urgentemente un hallazgo contundente, irrefutable, que demuestre el supuesto ancestro común.

Ahora, si ya es difícil reconstruir un árbol genealógico entre los distintos descendientes de la raza humana… ¡Imagínate que la evolución debe armar primero el árbol genealógico de los simios! Esto es cada vez más complicado. Y las revistas de divulgación científica ya lo percibieron.

Por ejemplo, cuando comparamos los hallazgos con la reconstrucción que la ciencia propone, nos damos cuenta de que existe una brecha importante entre lo encontrado y el aspecto que supuestamente tenía cuando ese ser estaba vivo. Observa a Lucy. ¿Podemos llamar a esta reconstrucción ciencia o arte paleontológica?

Fuente: La Nación

Fuente: Revista VEJA

Ver también un artículo en inglés en NYTimes.com

Por otra parte, se han encontrado objetos de confección humana que no coinciden con la cronología evolucionista. Por ejemplo, el 22 de junio de 1844, el periódico London Times publicó un curioso artículo:

“Hace pocos días, mientras algunos obreros trabajaban para extraer rocas cerca de Tweed, a unos 400 metros bajo el molino de Rutherford, descubrieron un cordón de oro incrustado en una piedra…”

¿Y esto qué tiene que ver con la evolución? Es que la roca donde el cordón de oro estaba incrustado, supuestamente pertenece al período Carbonífero, es decir, tendría aproximadamente entre 320 y 360 millones de años según la cronología evolucionista. ¿Qué estaba haciendo allí? ¿Algún dinosaurio vanidoso la escondió?

Además, la revista Scientific American, el 5 de junio de 1852, reveló el hallazgo de una cuenca de plata, con muchos ornamentos, incrustada en una roca en Meeting House Hill, en Dorchester. ¿Y cuál es el problema? La roca en cuestión fue datada como perteneciente al período precámbrico (entre 570 y 593 millones de años). Una vez más, ¿qué ser humano pudo dejarla allí cuando según la evolución aún no existíamos?

Estos descubrimientos demuestran la desesperación de algunos científicos que, por querer obtener evidencias, fuerzan una teoría cada vez más incoherente.

Por más que los evolucionistas supongan que la raza humana desciende de los simios, los cristianos sabemos de dónde venimos y quiénes son nuestros ancestros. Somos seres creados a imagen de Aquel que hizo el cielo, la Tierra y las fuentes de las aguas. Nuestro Dios se revela en las páginas de la Biblia. Pero también se revela en la naturaleza. ¿Eres capaz de reconocer su obra?

2018-09-11T13:58:14+00:00Por |Categorías: Artículos Nivel I|Etiquetas: , , |Sin comentarios

Acerca del autor:

Profesor de Ciencias y Biología, Magíster en Ciencias y Matemáticas, Doctor en Educación, especialista en Biotecnología, biólogo e historiador. Vive en Brasil.

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