Duro de roer

Duro de roer

Todo lo que Dios creó es fantástico, y podemos notar eso en el cuerpo humano. En la estructura del cuerpo, todo funciona de manera precisa y eficaz. Cualquier máquina construida por el hombre, incluso la más moderna, necesita de mantenimiento, reparaciones de piezas y lubricación de engranajes, y esa imaginada máquina no hace todo esto en forma automática. Necesita de la intervención de quien la opera para esas actividades. Sin embargo, el cuerpo humano es diferente. Todo funciona en el más perfecto orden.

Duro de roer - esqueleto humano

Vamos a ver el esqueleto. Huesos y cartílagos forman aquella fuerte armazón que sostiene al cuerpo, ya sea que tú te dobles para adelante o para atrás, para la izquierda o para la derecha o hagas movimientos de rotación. Si decides quedarte agachado, bien encogido, no tendrás problemas. Y, si prefieres dar un salto o salir corriendo, tú también podrás hacer eso, porque tu esqueleto está planificado para ayudarte a mover.

La disposición de los huesos en el esqueleto es fundamental para que el cuerpo quede parado. Son 206 huesos que componen el esqueleto humano. El mayor de ellos es el fémur, que queda en la parte de arriba de tus piernas. Y el menor, es el hueso estribo, localizado adentro de tu oído medio.

La columna vertebral o espina dorsal es el área principal del esqueleto. Es ella la que da el apoyo necesario para que las otras partes óseas se mantengan en equilibrio. Las vértebras están separadas por discos de cartílago, que amortiguan los impactos o movimientos bruscos que realizamos.

Pero, al final, ¿qué es un cartílago? Es un tejido más blando que el hueso, como si fuese un chicle o una goma. Cuando tú naciste, la mayor parte de tu esqueleto era flexible, o sea, cartilaginoso.

¡Eso fue una estrategia fantástica del Creador! Porque el esqueleto flexible ayuda tanto a la mamá como al feto en el momento del nacimiento. Con el tiempo, buena parte de lo que es tejido de cartílago se transforma en tejido óseo (de huesos). Eso permite que el niño se mantenga en pie. Incluso con el esqueleto formado, todavía resta un poco de cartílago en el cuerpo humano, conectando un hueso con el otro.

El hueso es una pieza viva del cuerpo humano. Él se desarrolla, crece y contiene minerales, principalmente calcio y fósforo. No es fácil entender eso, pero “así como no sabes por dónde va el viento ni cómo se forma el niño en el vientre de la madre, tampoco entiendes la obra de Dios, creador de todas las cosas” (Eclesiastés 11:5).

Acerca del autor:

Psicopedagoga. Magíster en comprensión lectora y producción de textos. Universidad Andrés Bello, Chile. Postítulo en Ciencias Naturales. Portal de Educación Adventista. Editorial ACES. Buenos Aires, Argentina.

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