Variabilidad ¿Qué es eso?

Y dijo Dios: «¡Que produzca la tierra seres vivientes: animales domésticos, animales salvajes, y reptiles, según su especie!» Y sucedió así.Génesis 1:24 versión NVI online.

¿Por qué existen tantos seres vivos diferentes?

En general, según la Teoría de la Evolución, todos los seres vivos actuales evolucionaron de un ancestro en común, que poseía ciertas características. Las sucesivas generaciones de este ancestro fueron diversificándose, mutando, cambiando. Estas alteraciones genéticas, llamadas mutaciones, dieron por resultado la gran diversidad de seres que vemos en la actualidad.

Sin embargo, no hay evidencias suficientes para afirmar que existió un ancestro común del cual surgieron todos los organismos tan diversos. Cuando se observan los fósiles en la escala geológica no aparecen aquellos famosos eslabones de transición entre las especies, que unen al ancestro común con el organismo actual. No hay evidencias de un antepasado evolutivo para todos los organismos actuales.

Todas las especies sufren modificaciones genéticas y mutaciones, pero esos cambios no implican el surgimiento de una nueva especie. Los científicos han estudiado la variabilidad de la famosa mosca de la fruta por más de 100 años y nunca han logrado demostrar la evolución de esa especie; al contrario, las evidencias demuestran que más bien ha degenerado o involucionado.

Desde que Darwin afirmó que tenían que existir esos seres de transición o eslabones perdidos, todos los evolucionistas desearían haber encontrado alguna evidencia de su existencia. Si pudiesen encontrar esos eslabones, entonces la evolución quedaría prácticamente demostrada.

Pero hasta el momento, ¿adivina qué? Estos famosos eslabones perdidos no aparecen por ninguna parte.

El equipo de investigación dirigido por el Dr. Matthew Ravosa, de la Universidad de Notre Dame, publicó recientemente un artículo en Biological Reviews (1, 2), acerca de la plasticidad de los aspectos físicos de una especie dada. Los animales sometidos a dietas diferentes poseen desarrollos diferentes en los más diversos niveles. El Prof. Ravosa afirma:

“Durante el crecimiento postnatal mostramos que estas variaciones en el estrés de masticación relacionadas a la dieta inducen una cascada de cambios en los niveles celular, de tejidos, proteicos y genéticos, para mantener la integridad de las estructuras craneomandibulares involucradas en el procesamiento de alimentos” (1).

Las variaciones inducidas en estos experimentos llegan incluso a ser comparadas a diferencias observadas entre especies distintas:

“En tercer lugar, dada la larga duración de los experimentos, somos capaces de demostrar que un patrón dietético iniciado aún en el período postnatal y de duración prolongada puede resultar en niveles de variaciones de las mandíbulas de una sola especie en par con aquellas observadas entre especies “(1).

El profesor Ravosa también llama la atención sobre el tipo de dificultad que esto trae para la interpretación de los fragmentos de huesos encontrados en el registro fósil:

“Estos análisis longitudinales muestran que los efectos morfológicos de la dietética ‘estacional’ se detectan sólo en algunas regiones del cráneo, lo cual dificulta aún más nuestra capacidad de reconstruir con precisión la biología de organismos fósiles representados por especímenes individuales y fragmentados” (1).

En otras palabras, un investigador corre el riesgo de anunciar el descubrimiento de una nueva especie basada en unos pocos fragmentos de huesos, cuando en realidad lo que tiene en manos puede ser sólo una variación de una especie ya conocida, inducida por la propia alimentación. Se resalta que la definición de especies es, desde hace mucho tiempo, un tema controvertido.

Así, la inmensa mayoría del registro fósil resulta ser variaciones dentro de una especie, es decir, existen varios tipos de perros, pero todos son perros. Incluso cuando se dan ejemplos de variaciones en virus, por ejemplo, por más que tengan nuevos cambios en su estructura, todavía son virus.

Un evolucionista sincero expresó en sus palabras esta cuestión:

“…sería posible imaginar, por extrapolación, que si los procesos a pequeña escala que observamos se prolongaran por un período de tiempo lo suficientemente largo, podrían dar por resultado la inmensa variabilidad moderna de la vida” (3).

Y este es el centro del debate. ¿Es válido hacer esa extrapolación? ¿Será que la gran cantidad de fraudes e interpretaciones erróneas son síntomas de que la extrapolación evolucionista se basa más bien en una suposición antes que en evidencias tangibles?

Así, por más que podamos “extrapolar”, las evidencias no apoyan la teoría de un ancestro común a todas las especies. Se vuelve complejo intentar administrar esa idea y descartar las evidencias de variabilidad dentro de una especie.

En nuestra sociedad, es muy común descartar las evidencias para mantener la opinión o idea del grupo de científicos predominante. Pero, ¿por cuánto tiempo más podrán callar las evidencias que apuntan al Dios que creó a todos los seres vivos, según su especie?

[1] University of Notre Dame. “Reinterpreting the fossil record on jaws.” ScienceDaily, 17 August 2016.[2] Matthew J. Ravosa, Rachel A. Menegaz, Jeremiah E. Scott, David J. Daegling, Kevin R. McAbee. “Limitations of a morphological criterion of adaptive inference in the fossil record”. Biological Reviews, 2015; DOI: 10.1111/brv.12199[3] Mark Ridley, Evolução, 3a Ed., Artmed, 2006, p. 67, 77.

2018-08-15T09:33:46+00:00 Por |Categorías: Artículos Nivel II|Etiquetas: , , |Sin comentarios

Acerca del autor:

Profesor de Ciencias y Biología, Magíster en Ciencias y Matemáticas, Doctor en Educación, especialista en Biotecnología, biólogo e historiador. Vive en Brasil.

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